Del tres, el quince
Hace tanto que un poema no se cruza en mi camino, que no sé si aquel buen tino, tan presente en otros temas, me rescate del problema de escribirte ante tu ausencia, pues diluye mi inconsciencia el recuerdo de tus ojos seductores que, de antojo avivaban la existencia. Se transforman en fantasmas los abrazos que, en minutos, pasaban de diminutos encontrones que entusiasman, a ese vicio que te espasma e interrumpe el inspirar; ese afán de resguardar el aroma de tus fuentes con mis manos, con mis dientes... todo comienza a mutar. Esconderme nunca más entre tus manos podré, protegerte no sabré de lo cruel en los demás, ya no sé si me verás preguntarte el "algún día", y no sé si debería creer propia esa respuesta, debo aceptar que me cuesta suponer que ya no es mía. Mas, tomado en serio el curso de los hechos más recientes, yo presie...