Plegaria
No han sido pocas las veces que, amenazando mi paz, me ataca un ave rapaz y aquella desaparece. Al punto el cielo oscurece, mi sentidos se deforman, y la alegría transforma en simple recuerdo vago, donde no sé lo que hago, enredado en fuerte corma. Si en pintura retrataran la angustiosa reacción cada vez que al corazón con saetas le disparan, y al artista le encargaran definir bien la figura, la silueta más segura, el expedito camino, sería un grito cansino de tristeza y de locura. ¿Acaso serán los días que el alma supone muertos? ¿Será que acaso despiertos no estaremos todavía? ¿Será que el amor se fía de tocar a nuestra puerta? O, ¿será que un alma yerta no merece su visita? ¿Será que la vida evita una última reyerta? Cual rezaban los antiguos en su rito petitorio, así yo, del purgatorio, de este camino ambi...