Del tres, el quince

Hace tanto que un poema
no se cruza en mi camino, 
que no sé si aquel buen tino, 
tan presente en otros temas, 
me rescate del problema 
de escribirte ante tu ausencia, 
pues diluye mi inconsciencia 
el recuerdo de tus ojos 
seductores que, de antojo 
avivaban la existencia. 

Se transforman en fantasmas 
los abrazos que, en minutos, 
pasaban de diminutos 
encontrones que entusiasman, 
a ese vicio que te espasma 
e interrumpe el inspirar; 
ese afán de resguardar 
el aroma de tus fuentes
con mis manos, con mis dientes... 
todo comienza a mutar.

Esconderme nunca más 
entre tus manos podré, 
protegerte no sabré 
de lo cruel en los demás,
ya no sé si me verás 
preguntarte el "algún día", 
y no sé si debería 
creer propia esa respuesta, 
debo aceptar que me cuesta 
suponer que ya no es mía.

Mas, tomado en serio el curso 
de los hechos más recientes, 
yo presiento que presientes 
el por qué de mi discurso, 
el origen del concurso 
de estos versos enredados. 
Es que has desacomodado 
con un golpe de realismo 
la mentira en que yo mismo
me tenía adormilado. 

En secreto llevaremos 
esta historia de ficción. 
el poema, la canción, 
inclusive el crisantemo; 
viajarás al otro extremo 
conduciendo tus pinturas, 
dibujando tu aventura...
pero acuérdate de mí 
y que siempre te pedí 
aferrarte a tu ternura.

Quedará siempre despierta 
la memoria de tu risa, 
tu registro en mi camisa, 
tus palabras tan inciertas. 
Serás siempre aquella puerta
que marcó el primer embrujo, 
y yo habré tenido el lujo 
de escribirte en este mes 
todo eso que no ves 
cuando miro tus dibujos.
15/03/2026

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