La del amanecer inesperado

No esperaba sucumbir 
al deseo de las letras, 
y de nuevo me mentí, 
pues te escribo en mi cabeza.

¿Dónde miras, que no a mí?
¿Qué, tus ojos (no tan negros), 
no se animan a decir?
¿Será piedad, será miedo?

Como un tinto, así, rojizo, 
con tu rostro envuelto en brillo, 
con tus labios, un hechizo 
vino a nadar en mi río; 

no hubo magia, nada de eso, 
no hubo chispas ni estrellitas, 
no hubo rayos, no hubo fuego, 
pero es que esa sonrisita... 

Conté siete, y me faltaron 
las que nunca pude ver, 
y esos ojos me llamaron, 
¿cómo no iba a caer?

Sigo viendo más allá 
de la idea de la gente, 
escuchando tu cantar, 
tu mirar tan diferente;

lo que escondes, tus secretos, 
tus escapes, sufrimientos, 
tus encantos, tus misterios... 
eres más que sus inventos.

Te voy a mirar de lejos 
como quien mira y prepara 
un discurso de esos viejos 
o un poema, o una carta...

Sale el sol, llega el final, 
a descanso tu sonrisa,  
y mis letras mirarán 
otra vez tu andar sin prisa.
4/11/2024 

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