Extraña Rabia

Ay, si lograra entender 
un poquito de la mente 
que me tiene tan pendiente 
y casi me deja caer... 
si lograra comprender 
los espasmos y los brincos 
que le hacen, con ahínco, 
estripar esas heridas 
que, aunque ocultas o perdidas, 
suman mil doscientas cinco. 

Esta idea de escribir
comenzó en esta semana 
una tranquila mañana 
en que pude convivir 
con un constante latir, 
con una pulsión frecuente, 
una ideita en mi mente 
fabricándome ilusiones 
a punta de sensaciones 
que no están en el presente. 

Y es que extraño los abrazos... 
pero ahora que lo pienso, 
creo que fue más inmenso 
el silencio de los pasos 
que avancé, buscando un vaso 
en la cocina de tu casa 
preguntándome, "¿qué pasa?";
¿por qué será tan complejo, 
si tan cerca estamos lejos, 
y no abraza, pero abrasa... 

Extraño también los besos 
que viví solo en mis sueños, 
pues, ha tiempo, no soy dueño, 
de tus gritos ni embelesos, 
ni de los ojos traviesos 
que miraban, atrevidos, 
invitándome, furtivos, 
con palabras sugerentes, 
a alejarnos de la gente 
a vivir lo prohibido. 

Es que pienso en tu figura 
y hasta puedo recordar 
un pasado en que tu andar 
se movía en la espesura 
de una nube de locura 
majestuosa y delicada, 
amorosa y, tan malvada, 
que lograba dar conquista 
de maneras imprevistas 
a mi alma tan cerrada. 

Pero ahora se ha cambiado 
la pasión por un enojo, 
se han cegado mis ojos 
porque en un nuevo altercado, 
tu discurso ha logrado 
transformar esa confianza, 
en nada más que alabanzas 
que se hacen al morir, 
que aunque no van a servir, 
"nunca pierdo la esperanza". 

Ni siquiera puedo hacer 
una décima completa 
ni siquiera una cuarteta, 
(y no hablemos de leer), 
sin pensarte y sin perder. 
Y ¿es posible que en tu boca 
nunca encuentres ni una poca 
de paciencia o empatía? 
es posible, amada mía, 
¿ser más dura que una roca?

Es que ¿piensas que tu insulto, 
tus venganzas, tus heridas, 
tus palabras, tus mentiras, 
tus rabietas como bultos, 
seguirán andando ocultos 
a los huecos de mi vida?
No pensaste que, tan ida, 
del todo, al final, te apartas, 
nunca escribiste una carta, 
y... ¿siempre fue culpa mía?

Y es más triste lo que viene, 
porque luego de tus gritos, 
de nombrarme "ese maldito", 
de burlarte del presente, 
de mis letras, de mi mente; 
del dolor que vive en mí... 
yo no me muevo de aquí, 
porque creo que después, 
al mirarnos otra vez, 
volverás a verte en mí. 

Me retiro con el llanto
enredado entre mis lentes. 
Me retiro hacia una fuente 
donde amar no duela tanto, 
donde un beso no de espanto, 
donde veas en mis ojos 
algo más que los despojos 
de un celoso empedernido, 
me retiro y me despido 
con mi miedo y tus enojos. 

Me retiro con temor 
de volver a enamorarte, 
de alabarte y de abrazarte, 
y que el gran señor Dolor 
quiera pisar el amor 
sin preocuparse siquiera 
si de pronto aquella tierra, 
aún podía florecer... 
¿Nos dejaremos vencer, 
o habrá, acaso, una manera?
25/05/22

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