¿Quién me Presta un Borrador?

Nunca fui de aquellos tipos
que, pudiendo usar el suyo,
toman un objeto tuyo
o tal vez de algún equipo.
Sea este el anticipo
del problema que me llama,
me levanta de la cama,
me despierta a medianoche,
me revuelca en un derroche
de lamentos y de dramas.

Pero el caso del que hablo
me resulta necesario
comentarlo en este horario;
pues no alcanzan mil establos,
ni el más ruin demonio o diablo
para lograr contener
el deseo de romper
con la vida que transcurro:
Una amada a la que aburro,
un pasado a resolver.

Con un lápiz, un grafito,
dibujé en su corazón,
en más de una ocasión,
los dibujos más malditos,
de paisajes tan bonitos
que, con dos o tres tachones
se volvieron en dragones,
consumiendo con su fuego
cada uno de los juegos,
las canciones y los sones.

Y ese lápiz no detuvo
su camino doloroso,
hizo surcos, hizo fosos,
hizo grietas, y mantuvo
ese rastro donde anduvo,
intocable y protegido,
infranqueable y... siempre herido.
Y aún cubriendo cada trazo
del candor de un gran abrazo
no he logrado el cometido.

Es por eso que, con pena,
solicito un borrador;
uno nuevo, uno mejor,
uno que borre la arena,
que elimine las cadenas
que protegen esas vías
donde pasó algún día
el peor de los escritos...
Y borrar con un besito
tus fantasmas, vida mía.

12/11/2021

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